8 de marzo de 2009

Las agujetas. Otro mito que se me ha caido.

Yo que pensaba que tenía cristalinamente claro el porqué se producen y cómo se puede mejorar de ellas, me he encontrado recientemente con que no tenía ni idea. Me quedé con la explicación de hace no se cuántos años, y el tema ha cambiado.

¿Qué es lo que yo pensaba?
Pues bueno, que ante la falta de oxigeno en los músculos, como consecuencia del ejercicio intenso, había una cristalización del ácido láctico en los músculos. Estos cristalitos que se habían formado, eran los que luego daban por saco hasta que se disolvían. Para ello, nada mejor que tomar agua con azucar o bicarbonato.

¿Y qué es lo que parece ser que pasa?

(digo parece ser porque las teorias actuales se explican con el mismo rigor y convencimiento con el que en su día se explicaba la de la lactosa)

Pues ni más ni menos una microrotura de fibras musculares. Si el músculo es demasiado débil para el esfuerzo al que se le está sometiendo, la fibra acaba cediendo y rompiéndose. También ayuda a esta rotura el que la temperatura del músculo aumente (hasta 38 - 48 grados) durante el ejercicio, cargándose celulillas de la zona afectada. Estás microroturas, son las que provocan la inflamación del músculo, irritándo las fibras nerviosas y produciéndo el dolor.

¿Remedios?

Pues no os creáis que están demasiado claros: medicamentos (el ibuprofeno parece que va bien. La aspirina, en cambio, en este caso parece que no sirve para nada), masajes, determinadas comidas (isoflabonas, aceites de pescados) y aplicación de frío.

En todo caso, como siempre, el mejor problema a solucionar es el que no existe. Por lo tanto, a prevenir toca: estiramientos musculares (previos y posteriores al ejercicio), aumento progresivo de la intensidad en el entrenamiento, no hacer burradas de un día para otro y ducha caliente al acabar.